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La memoria y la automatización y los vicios. x Damián Esell

  • Foto del escritor: Damián Esell
    Damián Esell
  • 4 abr 2020
  • 17 Min. de lectura

Actualizado: 7 abr 2020

En este capítulo analizaremos el proceso de aprendizaje y memorización.

Este trabajo es meramente pedagógico y no posee rigor científico, es una simplificación a través de metáforas y el uso de la imaginación.

Para entender científicamente lo que ocurre con la memoria habrá que remitirse a la bibliografía científica especializada correspondiente.

El ser humano necesita la repetición sistemática de una acción para poder aprender lo que sea. Ya sea memorizar un texto, una melodía, la ejecución de una pieza musical a través de un instrumento, la conducción de un vehículo, una coreografía de baile, etc.

La memorización tiene este proceso debido al simple hecho de que no podemos registrar absolutamente todo lo que vemos , decimos, escuchamos y sentimos simplemente dándole entrada por nuestros sentidos. Si esto fuese tan sencillo seríamos más eficientes que todos los superhéroes juntos, tan sabios como la biblioteca universal, y mejores músicos que los genios clásicos.

Nuestra vida cotidiana es una sucesión de acciones y situaciones que nos toca vivir e insumiría un gasto de energía inmensa e innecesaria el tener que guardar toda esa información, que estimulan nuestros sentidos, en nuestra memoria.

Esto es imposible. Recuerdo un cuento de Jorge Luis Borges que hablaba de un personaje llamado ¨ Funes el memorioso ¨, quien justamente recordaba absolutamente todo. Pero el cuento es una ficción y no realidad.

No lo recordamos todo.

Cuál es el significado de recordar? El traer a nuestra mente algún hecho del pasado.

Todo lo que entra por nuestros sentidos transita nuestra mente, pero no significa que podamos recordarlo todo, por lo tanto recordaremos aquellas cosas más significativas, las que nos importan, las que tienen ligada alguna emoción. Las otras se esfuman como el humo de un cigarrillo.

Hay demasiada información visual y sonora en el ambiente que transitamos cotidianamente totalmente prescindible y que es mejor desechar.

Por lo tanto cuando realmente queremos memorizar algo debemos convencer al cerebro a guardar en forma más definitiva lo que queremos recordar por mucho tiempo.

Cuando un tema nos interesa le ponemos atención y eso significa que le dedicamos tiempo de observación o escucha para memorizar cierta información o ¨ data ¨ que podemos obtener de esa fuente y de la que podemos obtener algún provecho.

El tacto, el olfato y el gusto también tienen su espacio reservado en nuestra memoria pero apostaría a que es mucho menor.

Una imagen, una melodía o un tono de voz, el contenido de un discurso puede ser descripto con miles de palabras pero describir verbalmente las percepciones del olfato y gusto nos demuestra que estamos limitados a términos como exquisito, nauseabundo, neutral, desagradable, suave. Realmente no podemos dar demasiados detalles como para repetir la fórmula de una fragancia para copiarla con los datos de nuestra percepción sensorial.

En el libro ¨ El Perfume ¨ de Patrick Süskind publicada en 1985 el protagonista es poseedor de un don particular, puede discernir las fórmulas de un perfume en sus componentes. Pero el común de las personas no es hábil para esto. Reconocemos las palomitas de maíz (pochoclo o Pop Corn) dulce cuando lo olemos porque el azúcar quemada es un olor sumamente atractivo y conocido. Pero aunque lo reconozcamos no podríamos usar más palabras que dulce y palomitas de maíz (pochoclo o Pop Corn).

Podemos reconocer el aroma a pizza de cebollas al pasar por una pizzería porque ya conocemos la pizza de cebollas. Si no la conociéramos sería muy difícil encontrar las palabras para describir ese aroma.

Para el tacto el registro es aún más limitado. Algo es suave, áspero, rugoso, terso, pegajoso y no mucho más. Nuestras manos no son capaces de convertir las diminutas rugosidades de un disco de pasta en percepción sonora.

Podríamos reconocer de qué autor se trata el disco simplemente pasando la yema de los dedos por los surcos espiralados, por los que se posará la púa de un tocadiscos encargada de percibir las rugosidades de los mismos y amplificarlos en vibraciones sonoras llamada música? Absolutamente, no.

Apenas podemos sentir los surcos. Pero nada más.

Los datos que más nos importan en este capítulo son los visuales y los sonoros y estos son infinitos.

La mente se encarga de simplificar la información total, por ejemplo si vemos un bosque, podemos ver los árboles, el cielo y la tierra. Incluso podemos ver las hojas y los frutos. Pero recordaremos la imagen total como una unidad llamada bosque, y tal vez un bosque con pocos o muchos árboles, pero no recordaremos ni cuántos árboles ni cuántas hojas hay en cada árbol. Ni cuantas había reposando en la tierra. Mucho menos el movimiento de las copas de los árboles y aún menos el movimiento particular de cada hoja producto de la brisa.

Son datos innecesarios que no se registran.

Sin embargo al imaginar el bosque podemos tener la idea de los árboles con sus hojas y sus frutas. Incluso podemos imaginar el movimiento de las copas y las hojas. Este es un truco de la imaginación que recopila, simplifica y sintetiza los recuerdos, inventando gran parte de ellos para ahorrar energía cerebral.

Pero si ponemos especial atención a ese paisaje podríamos observar a qué especie pertenecen los árboles, incluso como son las formas de las hojas y si quisiéramos podríamos contarlas. Esto lo decidimos a voluntad y tiene que ver con el interés que nos despierta lo observado.

Si quisiéramos retratar ese bosque como lo hace un pintor en su lienzo, entonces nos interesaría observar y copiar las formas que definen las copas de los árboles e incluso las ramas y los diferentes matices de luz y color.

En síntesis el aprendizaje y la memorización tiene relación directa con el interés y la atención dedicada al objeto de estudio.

Similar a cómo funciona el almacenamiento de datos en la memoria de una computadora, podríamos pensar que hay una sector destinado a lo que necesitamos usar de inmediato y tener a mano accediendo al contenido instantáneamente; sería como la memoria RAM del ordenador, y hay otra memoria donde almacenamos innumerables experiencias de vida, los rostros de cada personas que vemos por la calle, el tono de voz de nuestros familiares, amigos, actores de TV, nombres, paisajes, escenas y situaciones entre personas, que sería algo así como la memoria del disco duro en un ordenador.

Si queremos abrir un archivo en la computadora con el que estamos trabajando habitualmente, como podría ser un archivo de texto, o una fotografía en una aplicación de edición de imagen, este será fácilmente encontrado al abrir estas aplicaciones nuevamente, ya que el ordenador sabe que seguramente queremos acceder a esto archivo de inmediato para seguir trabajando en él.

Pero si queremos encontrar una fotografía o un video que hemos guardado hace varios años, habrá que buscar en el disco duro, o en alguna aplicación que se haya encargado de organizar e indexar las fotos o videos para encontrarlos más fácilmente.

Si sólo guardamos los archivos en forma deliberada y desordenada, sería muy trabajoso volver a encontrar esa foto o video que estamos buscando, aunque, de alguna manera, sabemos que allí estarán , solo habrá que dedicarle tiempo a encontrar lo que buscamos.

En esta búsqueda nos encontramos con otras fotografías o videos que prácticamente ni recordábamos porque no los hemos vuelto a ver desde que los salvamos en la memoria del ordenador.

En un ordenador podemos organizar los archivos de muchas maneras: por nombre, por fecha, por temática, etiquetando los archivos o conformando diversos álbumes. En el cerebro los recuerdos se ordenan automáticamente en forma cronológica; podemos reconocer básicamente si algún recuerdo ha sucedido antes o después. Aunque podemos hacer asociaciones entre recuerdos de diferentes épocas al igual que las etiquetas que le damos a los archivos de fotos o videos para poder acceder a ellos más fácilmente. A medida que pasa el tiempo los viejos recuerdos van pasando al cuartito trasero y luego al ático y luego al baúl polvoriento de los viejos recuerdos, dejando la sala de estar a los nuevos recuerdos del presente. Sin embargo hay maneras de engañar al cerebro refrescando los recuerdos más viejos y teniéndolos tan presentes como una experiencia del día de ayer.

También podemos recurrir a los recuerdos por temática; nuestros recuerdos se etiquetan automáticamente en el cerebro ya que éste asocia inmediatamente un nuevo recuerdo con la experiencia vivida. Por ejemplo cuando hablamos de un amigo se nos viene a la memoria la imagen de muchos otros amigos. Cuando pensamos en nuestras vacaciones pasadas, se vienen imágenes de otras vacaciones. Al hablar de una mascota se hacen presentes imágenes de otras mascotas que hemos tenido.

Los portarretratos cumplen la mágica función de darle vida eterna a aquellas instantáneas de la vida que en nuestra memoria envejecerán día a día.

Al estar presentes y a la vista cotidiana no permiten que olvidemos ese recuerdo.

Un Souvenir cumple una función similar. Con un simple objeto podemos recordar una vacación o un viaje.

La memoria humana funciona de manera muy similar, solo que no hay un límite ni se mide en gigabytes ni los recuerdos se mantienen inalterables.

Hay recuerdos que al evocarlos nuevamente a través del relato a terceros se vuelven presentes nuevamente. Esto me ocurre con mis amigos con los que hemos ido de vacaciones durante algunos años que en cada encuentro evocamos aquellos anécdotas que hicieron aquellas vacaciones inolvidables.

Y cómo olvidar esos momentos que se vuelven a evocar una y otra vez. Imposible.

Sin embargo aquellos recuerdos que no hemos vuelto a traer al presente ni en un relato ni en nuestros propios pensamientos internos, allí estarán, en algún sitio recóndito de nuestro cerebro, en esa zona oscura y silenciosa llamada ¨ El olvido ¨. Esa zona del olvido es tan infinita que quién sabe cuánto podemos olvidar algún hecho de nuestras vidas y qué posibilidades hay de traer ese recuerdo perdido y abandonado en el olvido nuevamente a la memoria.

La prueba está cuando nos encontramos con un familiar mayor que nosotros o algún viejo amigo y nos cuenta algo de nosotros que no recordamos, de alguna manera, aunque lo visualizamos borrosamente, ese recuerdo nos resulta familiar. Luego podemos incluso completar y reconstruir ese relato con las imágenes relacionadas que traemos a la memoria desde la baulera.

Lo mismo ocurre cuando encontramos alguien en la calle y sabemos que esa persona la conocemos de algún sitio, pero no recordamos de dónde. Tal Vez del barrio, tal vez de la escuela cuando éramos niños, o quien sabe el cajero del supermercado o la que atiende el bar de la ciudad donde veraneamos. No recordamos el contexto inmediatamente pero de alguna manera recordamos ese rostro. Cada rostro humano tiene sus propias características que lo hacen único e irrepetible, detalles que al momento de hacer un identikit nos resulta una tarea casi imposible para la mayoría de nosotros, sin embargo podemos recordar una infinidad de caras de personas que conocemos y de personas que tal vez hemos visto una sola vez en la vida. Y podríamos reconocerlas incluso con el paso de los años. Pero no recordamos la descripción de las mismas conscientemente.

No las podemos describir así nomás, las más familiares las podemos visualizar en nuestra imaginación, pero si quisiéramos hacer un retrato simplemente copiando el recuerdo de nuestra mente en la mayoría de los casos no resultaría. Un artista entrenado podría hacerlo tal vez pero incluso casi todos necesitan al modelo presente para realizar un retrato.

Esto quiere decir que en algún lugar guardamos todos esos recuerdos infinitos e infinitamente detallados pero ese arca de recuerdos no se encuentra a disposición inmediata ya que no hay lugar para tanto recuerdo inútil en la caja de la memoria inmediata, sitio destinado a lo imprescindible y estrictamente necesario para almacenar lo urgente y lo importante, lo necesario para el ahora, el RAM del ordenador.

Este lugar destinado a la memoria inmediata no guarda solo el recuerdo de las nuevas experiencias o nuevos aprendizajes, también hay lugar para todo lo que nos resulta imprescindible recordar, y para aquellos recuerdos evocados y traídos al presente una y otra vez.

Y es ahí donde tenemos que almacenar nuestros conocimientos artísticos y deportivos como la técnica de movimiento de manos de un pianista, o del manejo de una pelota en un deporte, o de los pasos de baile en una danza como el baile del tango.

Y esto se logra con la práctica, la cual consiste en repetir sistemáticamente una y otra vez lo que deseamos incorporar, incluso luego de ejecutar a la perfección un movimiento este debe ser practicado nuevamente una y otra vez. Con esto logramos que ese recuerdo no se vaya a la baulera del ático, sino que quede en el portarretrato.

Una vez escuché a un pianista famoso decir que si él no practicaba el mismo día de su concierto sentiría las imperfecciones de su interpretación, y si no practicaba el día anterior su esposa notaría la falta de práctica, y de no practicar una semana antes, el público notaría los errores.

Así que esto ocurre en todos los niveles de aprendizaje, desde el nivel principiante hasta el profesional.

La manera implacable de aprender es la memorización a través de la repetición. Habrán notado que este concepto ya lo he repetido varias veces!

De niños hemos incorporado innumerables aprendizajes por la insistente repetición por parte nuestra y por parte de nuestros educadores.

La primer fase es la de observación como lo es el leer un texto por primera vez, escuchar una canción o ver al maestro mostrando un paso de baile y requiere atención. Esto es tiempo y concentración contemplativa.

Aquí nos encontramos con un desierto arenoso y allí a lo lejos el oasis al que queremos llegar, el objeto a aprender.

Es siempre conveniente y acelera el tiempo de aprendizaje cuando entendemos lo que estamos observando y escuchando. El ¨ entender ¨ está relacionado con la experiencia vivida, con el mecanismo que tiene el cerebro de relacionar lo nuevo con lo ya aprendido alguna vez.

Buscaremos en ese desierto si hay alguna carretera para llegar al oasis o al menos un sendero que nos facilite la llegada.

Luego de esta fase de primer contacto con lo que se quiere memorizar viene la del intento. El intento tiene que ver con el mecanismo de copiado e imitación que poseemos. En algunas personas este mecanismo se encuentra más desarrollado y en otras menos, pero todos las tenemos, es una condición humana y animal.

Al no encontrar carretera ni senderos, tendremos que hacer camino al andar. Y esto requiere esfuerzo, sudor y lágrimas.

Al copiar y repetir una y otra vez lo que tratamos de aprender reducimos el gasto de energía por lo que nos resulta menos tedioso y representa un menor esfuerzo a cada repetición. Porque el cerebro está fortaleciendo las conexiones neuronales nuevas.

Al ir y venir repetidamente por ese camino, vamos apisonando la arena del desierto y ese camino se hace más firme y transitable.

Si lo abandonamos en pocos días el viento del desierto arrojará arena sobre el camino y habrá que comenzar casi de nuevo.

En cambio debemos hacer el camino y luego pavimentar y más tarde construir muros de contención para asegurarnos que no desaparezca fácilmente con la arena que vuela en el desierto. Señalizar con carteles luminosos dicho camino y barrer regularmente la arena que trae el viento y se posa sobre el mismo. Y caminar una y otra vez para llegar al oasis a beber de la fuente de la sabiduría.

Luego, construir nuevos caminos nos asegurará llegar a destino con seguridad. Si un camino se pierde habrá otro o quién sabe algún atajo.

A más complejo el objeto a memorizar más largo será el camino a construir o interconectar , más ardua será la tarea.

Un individuo puede ser experto al hablar su idioma pero al aprender otro idioma totalmente diferente en su manera de utilizar los músculos de la boca y la lengua será prácticamente un principiante. Si el idioma es similar como podría tratarse de un hispano parlante aprendiendo italiano la tarea resultará más sencilla, porque la boca y lengua ya tienen muchas de esas articulaciones aprendidas anteriormente. El caminante del desierto encontrará muchos caminos hechos anteriormente. De lo contrario ocurrirá si el individuo intenta aprender el idioma chino.

El caminante del desierto tendrá que comenzar de cero.

Incluso la lectura de una palabra inventada, donde las letras se ponen al azar, aunque el lector conozca y haya pronunciado esas letras infinidad de veces, esa palabra nueva representará un esfuerzo.

Intenta leer una línea al revés y verás que no fluyes como al derecho.

Recuerdo cuando mis maestras de escuela trataban de leer mi apellido de origen judío, Eselevsky, siempre les tomaba más tiempo que leer los más comunes como Rodríguez o Fernández e incluso terminaban inventando sus propias versiones deformadas de mi apellido.

La experiencia vivida es representada por un sin fin de caminos hechos los cuales se pueden conectar y aprovechar para tener más llegadas al destino.

Así funciona el cerebro, construyendo carreteras entre las neuronas para aprender movimientos nuevos, conectando los caminos existentes o reforzando estos caminos con pavimento y barriendo el polvo.

Cuando repasamos algo aprendido alguna vez allá en tiempos pasados, la sensación es la de tomar el plumero , la escoba y el trapo y barrer el polvo acumulado sobre el recuerdo. Pero allí está! El recuerdo aún existe y estaba simplemente sepultado en el pasado.

Dicen quienes estudian la neurociencia que los recuerdos se alteran con el paso del tiempo y que podemos recordar cosas que no ocurrieron precisamente de esa manera; que cada vez que evocamos un recuerdo lo modificamos de alguna manera y creemos que siempre fue así. Incluso se puede inducir al cerebro de una persona a fabricar un falso recuerdo a través de la insistencia de un tercero que lo está convenciendo .

He visto en algún film policial cuando se inculpa a un inocente de un delito que no cometió y finalmente éste termina inculpándose porque no recuerda bien si cometió o no ese delito. Pero un investigador no queda convencido de la declaración del inculpado y logra desentrañar el misterio y hallando al verdadero malhechor.

Yo no soy neurocientífico ni estudiante de la neurociencia pero me interesa el tema, y observo mi propia manera de aprender y la de mis alumnos de tango mientras les transmito un conocimiento del baile. Yo observo con atención la dificultad que resulta la incorporación de un movimiento totalmente nuevo o la corrección de uno ya instalado desde hace tiempo.

Aquel camino en el desierto que ya fue pavimentado pero que no llega a destino de la mejor manera puede ser corregido, pero implica más esfuerzo que construir uno nuevo. EL olvidar un movimiento aprendido o corregirlo y reaprenderlo de una nueva manera representa un esfuerzo gigante y requiere mucha voluntad.

Algunas personas son hábiles al momento de reaprender un conocimiento mal aprendido o mejorable, otras tienen gran voluntad de hacerlo pero les toma demasiado tiempo o no lo logran y otras simplemente no tienen la voluntad de intentarlo.

Tantas veces los maestros escuchamos del alumno : ¨ A mi me enseñaron de otra manera…¨ .Ese comentario implica cierto estrés en el alumno por el esfuerzo que se viene para modificar lo aprendido.

Nosotros, como pequeños seres diminutos, nos vemos obligados a convencer al Gran Cerebro, como si éste se tratara de un ente encargado de darle entrada o no a un proyecto de conocimiento presentado por nosotros, que lo que queremos memorizar es muy importante para nuestra supervivencia y por ende nos tiene que reservar un lugar dentro suyo para guardar la nueva información que le solicitamos almacenar.

El Gran Cerebro nos dice: -Me lo puedes repetir?

Luego de una cantidad suficiente de práctica hemos logrado convencer al cerebro y los datos están salvados en algún lugar dentro suyo. Pero por cuánto tiempo?

A todos nos ha pasado la experiencia de estudiar un texto o una canción en el piano o un paso de baile y creer que ya lo hemos aprendido. Pero al día siguiente queremos comprobarlo y notamos que hemos olvidado casi todo.

Y que debemos repasar lo aprendido para que vuelva a estar disponible como para ser utilizado, expuesto, mostrado, etc.

Tomo como ejemplo experiencias personales como la de estudiar una partitura en el piano hasta lograr que mis dedos interpreten con agilidad y confianza una pieza musical, y al día siguiente querer mostrarle a mi maestra de piano mi gran interpretación y sentirme paralizado, como si lo hubiese olvidado todo o nunca me hubiese sentado frente a dicha partitura.

Por suerte mi maestra me decía que me había escuchado desde su ventana, porque era vecina de mi edificio, tocar la pieza musical. Y que era normal que eso suceda al principio.

Cuando sentimos que hemos olvidado o perdido de nuestra memoria aquello que hemos aprendido el día anterior, que no parece tan lejano al día presente, lo que debemos hacer es volver a estudiar como si tratase de la primera vez.

Podremos observar que luego de unos pocos intentos todo vuelve a nuestra memoria, la pieza musical a los dedos, el texto a nuestra boca y los pasos de baile a nuestros pies.

La imagen que me hago entonces es que aquello que hemos practicado una gran cantidad de veces durante un día queda almacenado por un tiempo breve en un lugar de fácil acceso , por lo que ese mismo día lo tendremos a mano, pero luego de algunos días ese saco de información se irá alejando e irá perdiendo en algún lugar de nuestro cerebro. Quién sabe para siempre o tal vez no.

En nuestra conversación con nuestro amigo El Cerebro le hemos hecho notar que esa información es fundamental para nuestra supervivencia y que necesitamos hacer uso de ella en cualquier momento que lo deseemos, teniendo un rápido y libre acceso.

Para ello nuestro amigo nos ha dicho que debemos convencerlo de alguna manera para darle entrada a nuestro pedido.

La manera es practicando más y más, aunque parezca que sabemos a la perfección lo que estamos diciendo, cantando, bailando, etc., se debe reforzar periódicamente esa información, una y otra vez.

La pregunta es hasta cuándo? No hay descanso? Hay mucho más por aprender en la vida que repetir siempre lo mismo!

Tomando el baile del tango como ejemplo podremos construir una pedagogía en base a una sucesión de objetos ¨ pasos de baile y ejercicios ¨ que implicarán el repaso de lo aprendido con anterioridad, es decir que mientras vamos incorporando nuevos conocimientos repasamos los que ya hemos visto.

El caminante del desierto transita por los caminos en construcción para establecerlos aún más y construye nuevos caminos en su andar.

Teniendo en cuenta esta estrategia pedagógica motivamos al aprendiz a ponerle más atención y entusiasmo, más voluntad para afrontar el arduo esfuerzo que implica aprender a bailar tan compleja danza.

Imagino que a medida que convencemos al cerebro de almacenar la nueva data dando rápido acceso a la misma apenas la solicitamos, se produce lo que llamamos: ¨ automatización ¨.

Tanto hemos insistido con tal o cual movimiento, texto, melodía, etc. que ya podemos reproducirla sin pensar.

Para aprender una técnica, un ejercicio o un paso de baile debemos practicar repetida e insistentemente el contenido, una gran cantidad de veces hasta llegar a la automatización del mismo.

Mientras nos mantengamos saludables podríamos estar completamente seguros que no olvidaremos como caminar, o como hablar. Cómo olvidar nuestro nombre y el de nuestros seres amados, o cualquier información memorizada desde hace tanto tiempo… pero la vejez o algún tipo de enfermedad o degeneración en el cerebro podría afectar lo aprendido, por lo que producir copias de resguardo y almacenarlas en diferentes sitios no vendría nada mal. Talvez esas versiones difieran en algunos detalles pero son similares en el contenido. Son las versiones que se van actualizando. Como el software de un ordenador que año a año presenta actualizaciones con mejoras en su rendimiento. Año a año mejoramos la técnica y las secuencias de baile se ven y se sienten cada vez mejor.

De todas maneras y pensando en positivo, nos quitaremos el fantasma de que algún día podríamos olvidar lo que hemos aprendido con tanto esfuerzo. Aquel gran trabajo de convencer al Cerebro!

El baile del tango es un baile caminado. Asociando el aprendizaje del mismo con el caminar lograremos convencer al cerebro que el baile es imprescindible para nuestra supervivencia, y así obtendremos ese espacio preferencial de memoria donde guardar la información y tenerla disponible apenas nos posamos sobre la pista.

No haremos un buen papel si no recordamos como bailar o mostrándonos inseguros, cierto? Por ende el camino es la práctica periódica a través de la repetición. Esto ya lo mencioné repetidamente!

Es decir, que debemos automatizar el baile en gran medida para no tener que hacer el esfuerzo de recordarlo.

Pero todo tiene su pro. y su contra.

El baile automatizado funciona bien mecánicamente pero puede ser motivo de desconexión de la pareja y del tiempo presente. Puede apartarnos de la emoción del momento y llevarnos a bailar sin sentir lo que estamos haciendo ni sentir plenamente al otro.

Por lo que automatizar los movimientos no implica poner el piloto en automático. Debemos seguir siendo conscientes y presentes en nuestros movimientos. Sea cual fuese el rol que nos toque en la pareja de baile.

Los automatismos producen muy comunes vicios o malos hábitos, de los que no nos percatamos. Se producen porque la automatización también trae acarreada una simplificación y una reducción del gasto de energía cerebral y corporal.

Para un buen baile, presente y de calidad, hay que evitar que se ensucien los movimientos y la técnica aprendidos.

En el habla se llama ¨ pereza vocal ¨ cuando hablamos sin articular la boca y por lo general quien nos escucha nos pide repetir lo que hemos dicho porque no se entiende. Se ensucia la pronunciación por el hecho de querer ahorrar energía en el acto de mover la boca y la lengua.

Incluso si hablamos con un lenguaje vulgar o utilizamos un léxico más refinado hay diferencia.

El lenguaje vulgar, aquel que se usamos popularmente y de uso cotidiano está en la punta de la lengua y bien aceitado, dispuesto a salir de la boca sin dificultad.

Pero un locutor periodístico emplea un vocabulario académico, más rico en vocablos sofisticados y con tono de voz claro y pronunciación bien estudiada.

Una de las cualidades del baile del tango es su elegancia y bailar elegantemente da muestras de un estudio meticuloso.

Así como existen los métodos nemotécnicos para memorizar textos, a su vez, en música los maestros de piano recomiendan ejercitar escalas y arpegios y los de canto, ejercicios de vocalización para entrenar la musculatura de las cuerdas vocales y la afinación del oído. En el baile del tango podemos imaginar un sin fin de ejercicios individuales y en pareja que nos darán lenguaje, técnica y movimientos de tal manera que al momento de copiar y aprender una nueva secuencia de pasos gran parte del camino estará allanado.

En síntesis, la práctica constante, a través de la repetición de ejercicios articulares y secuencias, y no dormirse en los laureles de la automatización son la clave para un baile confiable, eficiente, elegante, actualizado permanentemente y pleno de emoción y sentimiento.

 
 
 

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